Facebook
Twitter
Google Plus
LinkedIn
Forbes_es:

¿Cómo re-imaginar la educación desde la escuela?

Core Business
No recuerdo que mi colegio fuera especial en ningún sentido. Una escuela tradicional, de pupitres alineados, con sus lecciones y dictados, sus exámenes de memoria, muchos deberes y escasas oportunidades de relacionarte con nadie, más allá del recreo (jugando al fútbol, exclusivamente). Por supuesto aprendí y crecí en aquellos años y sin duda algo ayudó a ser quien soy hoy, pero en aquel momento era una escuela bastante endogámica, donde no se producía nada útil a la sociedad y donde hablar con la persona de al lado se castigaba con una mirada severa o una reprimenda.
10 mayo 2015
DAVID MARTÍN

Hoy tengo un trabajo maravilloso que me permite conocer escuelas donde todo es distinto. Lugares casi mágicos, donde los chicos y chicas colaboran para crecer juntos, donde quien aprende algo lo comparte con los demás y refuerza su propio conocimiento en el proceso, donde los alumnos toman decisiones, asumen responsabilidades y negocian, donde se fomenta la creatividad y la educación emocional, donde se sabe que lo normal es ser distinto, donde se practica la empatía y se aprende a resolver problemas reales. Y además donde se aprende matemáticas, ciencias sociales o biología.

Ya existen muchas escuelas así, y serán cada vez más. La educación ya no responde a las necesidades de hace siglos, cuando se concibió el sistema en respuesta a una sociedad industrial que necesitaba unas rutinas, unas competencias y unos procesos que ya no funcionan en la actualidad. Vivimos en una sociedad más interconectada, más imprevisible y menos jerárquica que en siglos anteriores y la educación ha permanecido casi inmóvil frente a esas transformaciones.

El mundo actual requiere re-imaginar la forma de aprender y enseñar, y por suerte hay colegios e institutos que lo están haciendo cada día, en España y el resto del mundo. Son escuelas que entienden y protagonizan el cambio. Escuelas "changemaker" que están a la cabeza de lo que será la educación en el futuro.

Estos son centros educativos muy distintos entre sí; grandes y pequeños, públicos y privados, urbanos y rurales, y se encuentran en todos los rincones del mundo. Pero les une unos factores casi imprescindibles para liderar esa transformación tan necesaria.

Tienen visión. Son centros educativos que se esfuerzan constantemente por mantenerse despiertos, por fomentar habilidades como la empatía, la resolución de problemas, la colaboración con los demás, la creatividad o la resolución de conflictos.

Tienen un equipo y un proyecto. ¿Se imagina poner en marcha un proyecto o una empresa sin elegir las personas que lo conforman? Esa es la dificultad para miles de centros educativos hoy día. Sin embargo hay excepciones donde el proyecto del centro es capaz de sobrevivir a esta incertidumbre. Es el maestro o la profesora quien de verdad "agita" un centro escolar, y seguramente todos conocemos casos de docentes aislados capaces de dinamizarlo o revolucionarlo con su presencia. Imagine todo un equipo docente trabajando juntos y alineados.

Están abiertos a la comunidad. Son colegios cuyas familias participan de lo que ocurre y no se limitan a esperar extramuros a que "le devuelvan a su hijo". Sobre todo, son escuelas capaces de ejercer un rol como dinamizadores locales: realizan servicios a la comunidad, abren sus instalaciones a movimientos vecinales y ciudadanos, y se basan en la participación de distintos actores como una oportunidad para el aprendizaje compartido.

Son innovadores. Demuestran interés y habilidades para experimentar y poner en práctica nuevas ideas. Investigan constantemente y están al tanto de tendencias en el sector, incluso las generan. Fomentan una cultura transformadora tanto en el propio centro como fuera de él, con la comunidad.

Son influyentes. Sienten el compromiso por compartir y co-crear.Entienden la educación como un bien común y ejercen su responsabilidad asumiendo que son los actores más autorizados para mejorarla.

Practican el aprendizaje activo. El foco no está en que los alumnos y alumnas "aprueben" sino en que "aprendan". No hay emoción si estamos dormidos en clase, y sin emoción no hay aprendizaje. Por eso los niños contribuyen activamente en su propio aprendizaje y son conscientes del movimiento del que forman parte. El ambiente es colaborativo. Porque el proyecto también es suyo, les pertenece, se han adueñado de ello.

David Martín Díaz es director de Educación y Jóvenes en Ashoka España. Ashoka es la mayor red de emprendedores sociales del mundo y está trabajando para cambiar el paradigma de la educación movilizando el ecosistema y reconociendo a aquellos colegios visionarios que están educando niños, niñas y jóvenes "agentes de cambio". En mayo Ashoka presenta estas primeras Escuelas Changemaker en España.
Forbes Radio